¿Te cuesta descansar aun cuando todo parece estar bien? El autoconocimiento emocional puede ayudarte a entender tus reacciones y abrir espacio para vivir en paz y tranquilidad, sin exigirte resolverlo todo hoy.
 
 Artículo de la serie Permitirse, inspirada en los procesos del Programa “Permitirse”.

 

 

En el artículo anterior te pregunté: ¿Quién está manejando tu cabeza? Hoy quiero dejarte otra pregunta: ¿Cuánto de lo que sos realmente lo elegiste vos?

Durante mucho tiempo pensé que me conocía. Sabía mi nombre, mi historia, mi profesión y mis responsabilidades. Sabía quién era para los demás. Pero conocerme de verdad era otra cosa.

Era observar qué hacía cuando tenía miedo, cómo reaccionaba cuando me sentía cuestionada, qué decisiones tomaba para no incomodar y qué voces seguía escuchando aunque ya no estuvieran presentes. Y, sobre todo, qué parte de mi estaba decidiendo: ¿Yo o mis heridas?

El autoconocimiento emocional no es analizarse todo el día ni buscar qué está mal. Es empezar a verse. Porque no puedo cambiar algo que todavía no reconozco.

 

¿Quién soy cuando no hay un problema que resolver?

 

Podemos acostumbrarnos tanto a vivir en caos, resolviendo, preocupándonos y apagando incendios, que cuando finalmente llega la calma no sabemos qué hacer con ella. Algunas personas sienten vacío o aburrimiento. Otras creen que si todo está demasiado tranquilo, algo malo tiene que venir.

También hay que aprender a vivir en paz y tranquilidad. A estar bien aunque no todo esté resuelto. A tener problemas sin vivir dentro del problema. A atravesar incertidumbre sin convertirla automáticamente en catástrofe.

La paz no significa tener una vida sin dificultades. Significa que las circunstancias no tienen que decidir permanentemente lo que ocurre dentro de mí. Y sí, se puede aprender a vivir diferente.

 

Conocer mis reacciones

 

A veces creemos que estamos respondiendo al presente, pero en realidad reaccionamos a algo que ocurrió hace mucho. Una conversación activa un miedo. Un error despierta una vieja sensación de no ser suficiente. Una decisión nos paraliza porque imaginamos el peor final.

Esto también aparece en el manejo de estrés laboral. No siempre es sólo la cantidad de tareas, a veces el agotamiento crece cuando creemos que debemos poder con todo, anticipar cada problema y no decepcionar a nadie.

La calma no aparece cuando todo está resuelto, aparece cuando puedo hacer una pausa y preguntarme: ¿Qué está pasando realmente? ¿Estoy respondiendo a lo que ocurre o a lo que imagino que podría ocurrir? En esa pausa aparece la posibilidad de elegir.

 

Antes de aceptarme, necesito conocerme

 

Conocerme es reconocer mis miedos, mis hábitos, mis heridas y también mis capacidades. Es descubrir qué historias sigo repitiendo y cuáles ya no quiero seguir obedeciendo. Antes de aceptarme, necesito verme; antes de valorarme, necesito reconocerme.

La claridad emocional no llega por exigirte una respuesta inmediata. Llega cuando podés mirar tu experiencia con honestidad y curiosidad. Si la calma te incomoda, no corras a cambiarlo, preguntate qué aprendiste a hacer para sentirte segura.

Quizá aquello que durante años llamaste mi personalidad no sea necesariamente quién sos. Quizá sea una manera de funcionar que aprendiste. ¿Quién serías si ya no necesitaras vivir así?

 

 

UNO ES LO QUE SE PERMITE SER

Si sentís que es momento de conocerte con más honestidad y aprender a vivir con mayor paz, mira el Programa Permitirse aquí.