Aceptar tu historia no es conformarte con ella. Descubrí cómo la aceptación personal y permitirse sentir las emociones pueden transformar la forma en que te tratás cuando aparecen la culpa, el miedo o el dolor.
 
 Artículo de la serie Permitirse, inspirada en los procesos del Programa “Permitirse”.

 

 

 

Después de conocerse viene una pregunta quizá más difícil: ¿Puedo aceptar lo que encuentro? Mis decisiones, mis errores, mi cuerpo, mi historia, mis reacciones. Las partes de mí que me gustan y las que no tanto.

La aceptación personal no significa resignarme ni decir: Así soy y punto. Para mí, aceptar es dejar de pelear conmigo para poder elegir qué quiero conservar y qué quiero transformar.

 

¿Y si eso que crees de vos no fuera tuyo?

 

Todos tenemos creencias sobre nosotros mismos: yo soy así, no puedo, siempre me pasa lo mismo, no soy suficientemente buena, a mi edad ya no. Algunas las construimos nosotros; otras las aprendimos de nuestros padres, maestros, parejas, experiencias o de la sociedad.

Las repetimos tantos años que terminamos confundiéndolas con nuestra identidad. Pero una creencia no necesariamente es una verdad, y mucho menos tiene que ser una sentencia para toda la vida.

Permitirse sentir las emociones no es quedarse atrapada en ellas. Es darles un lugar para entender qué necesitan mostrarnos, en vez de convertirlas de inmediato en una prueba de que algo está mal con nosotros.

 

Recapitular el pasado

 

¿Cuántas veces nos hemos dicho: si hubiera tomado aquella decisión, si no me hubiera casado, si hubiera estudiado otra cosa, hoy mi vida sería diferente? Probablemente, pero hay algo que nunca vamos a saber: cómo habría sido esa otra vida.

Miramos hacia atrás con la información y la conciencia que tenemos hoy, y juzgamos a la persona que tomó aquella decisión hace diez, veinte o cuarenta años. Pero aquella persona no sabía lo que yo sé hoy.

Por eso me gusta hablar de recapitular el pasado. El pasado no cambia; lo que puede cambiar es desde dónde lo miro. No se trata de decir que estuvo bien lo que estuvo mal. Se trata de recordar con sabiduría y sin seguir viviendo desde el mismo dolor.

 

Convertirme en mi mejor amigo

 

¿Cómo me trato cuando me equivoco? Podemos ser increíblemente comprensivos con los demás y terriblemente duros con nosotros mismos. Aceptarme no significa que todo me guste. Significa poder reconocer: esto soy hoy, esto es parte de mi historia, esto ya no lo quiero, esto sí y esto lo quiero transformar.

La gestión emocional empieza cuando dejo de ser mi peor enemigo durante el proceso. No necesitamos rechazarnos para crecer. Podemos transformarnos desde otro lugar.

Cuando buscamos cómo gestionar las emociones negativas, a menudo creemos que la meta es no sentir enojo, culpa, miedo o tristeza. Para mí, la meta es otra: que esas emociones no tengan que decidir solas quién soy ni qué hago después.

Tal vez aceptar no sea conformarme con quien soy. Tal vez sea aceptar mi historia, recapitularla desde donde estoy hoy y elegir qué quiero seguir llevando conmigo y qué ya no. Así también se aprende cómo vivir en paz con uno mismo.

 

UNO ES LO QUE SE PERMITE SER

 

Para permitirte aceptarte y recorrer ese proceso con guía y herramientas prácticas conoce Permitirse aquí.