Decir sí cuando querés decir no tiene un costo. Este artículo explora cómo valorarse a uno mismo, poner límites sin culpa y construir vínculos más honestos sin dejarte al final de la lista.
Artículo de la serie Permitirse, inspirada en los procesos del Programa “Permitirse”.
Puedo conocerme. Puedo aceptar mi historia, mis decisiones, mis luces y mis sombras. Pero hay otra pregunta: ¿Cuánto peso tiene lo que quiero, necesito y considero importante cuando tomo una decisión?
Una cosa es decir que me valoro y otra muy diferente es vivir como alguien que se valora.
¿Cuándo decir no parece más difícil que decir sí?
¿Cuántas veces hemos dicho sí mientras todo dentro nuestro decía no? Sí, yo lo hago. Sí, yo voy. Sí, yo ayudo. Después quedamos cansados, enojados o resentidos. No necesariamente con la otra persona; a veces con nosotros mismos.
Sabíamos que queríamos decir no, pero apareció la culpa: ¿Qué va a pensar?, ¿Se va a enojar?, ¿Voy a parecer egoísta? Entonces decimos sí para no incomodar al otro y terminamos incomodándonos nosotros.
Poner límites sin culpa no es dejar de querer ni volvernos indiferentes. Es reconocer que cuidarnos también es una responsabilidad. Un límite claro puede proteger un vínculo más que un sí dicho con resentimiento.
¿Qué cosas son tan importantes para mí que ya no quiero seguir negociándolas?
Todos decimos tener valores: la familia, la honestidad, la libertad, la tranquilidad, el respeto. Pero los valores se vuelven más claros cuando chocan. Quiero ayudar, pero también necesito cuidarme. Quiero ser responsable, pero también descansar. Quiero pertenecer, pero no traicionarme para hacerlo.
Cuando no tengo claro lo que es importante para mí, cualquier opinión externa puede hacerme dudar. Termino tomando decisiones para evitar culpa, conflicto o desaprobación. Por eso aprender cómo valorarse a uno mismo es mucho más que repetir una frase frente al espejo.
¿En qué parte de tu vida te valoras y en cuál desapareces?
Podemos sentirnos seguros en un área y completamente inseguros en otra. Podemos ser brillantes en el trabajo y no poder decir que no en casa. Cuidar maravillosamente a todos y ponernos siempre de últimos.
Fortalecer la autoestima se vuelve visible en cómo vivo: en mis decisiones, mis relaciones, lo que permito y lo que dejo de permitir. También en reconocer todo lo que ya hay en mí.
Tal vez sos mucho más de lo que has reconocido
Hay capacidades que reconocemos porque tienen un título o porque alguien nos paga por utilizarlas. Y hay otras que desarrollamos simplemente viviendo: resolviendo, atravesando dificultades, criando, empezando de nuevo, cuidando, creando y sobreviviendo a momentos que pensamos que no íbamos a superar.
Como nadie nos entregó un certificado por esas habilidades, muchas veces las minimizamos: eso no es nada, cualquiera lo hace, siempre he sido buena para eso. ¿Y si no fuera nada? ¿Y si hay mucho más en vos de lo que hasta ahora has reconocido?
Cuando tengo claridad sobre quién soy y qué tiene valor para mí, mis decisiones dejan de depender tanto de convencer a los demás. Aparece seguridad emocional: no la certeza de que todo va a salir como quiero, sino la certeza de saber desde dónde estoy eligiendo.
Y quizá ahí empieza también cómo vivir en paz con los demás: no desde la obligación o el miedo a decepcionar, sino desde una relación más honesta conmigo y con el otro.
UNO ES LO QUE SE PERMITE SER
Para profundizar en el proceso de valorarte, reconocer tus recursos y elegir con mayor certeza, conoce Permitirse aquí.









