Cuando la mente no se detiene, recuperar el liderazgo emocional empieza por distinguir lo que está pasando de lo que imaginas. Esta reflexión te acompaña a salir de la confusión mental y observar tus pensamientos con más calma.

 

Artículo de la serie Permitirse, inspirada en los procesos del Programa “Permitirse”.

 

 

Hace algunos años escribí que permitirse es darse permiso. Sigo creyendo exactamente lo mismo. Pero con los años comprendí algo más: muchas veces ni siquiera sabemos que somos nosotros quienes nos estamos negando ese permiso. Pensamos que son las circunstancias, la edad, el dinero, la pareja, los hijos o el trabajo. Sin embargo, una parte importante de la conversación ocurre en nuestra propia cabeza.

 

¿Quién está manejando a quién?

 

La cabeza es una herramienta extraordinaria: nos permite aprender, imaginar, anticipar, crear y resolver. El problema comienza cuando dejamos de manejar nuestros pensamientos y ellos empiezan a manejarnos a nosotros.

Pensamos una conversación que todavía no ocurrió. Imaginamos cómo va a reaccionar alguien. Repetimos lo que deberíamos haber dicho ayer. Nos preocupamos por algo que quizá suceda dentro de seis meses. Y a las tres de la mañana intentamos resolver problemas que definitivamente no vamos a resolver a las tres de la mañana.

A eso me refiero cuando hablo de salir de la confusión mental. No es apagar la mente ni obligarnos a pensar positivo. Es reconocer cuándo una idea es un hecho y cuándo es una película que estamos proyectando antes de tiempo.

Una pregunta simple y poderosa puede abrir espacio: ¿Esto está pasando o lo estoy pensando?

Muchas personas buscan cómo dejar de sobrepensar porque viven agotadas de anticipar, explicar, controlar o preocuparse. A veces no hay una emergencia afuera, pero el cuerpo reacciona como si la hubiera. El manejo de estrés y emociones empieza por notar esa diferencia.

Estrés es imaginarse un final no deseado

filosofía zen

¿Según quién?

 

Hay personas que aparentemente tienen todo bajo control. Trabajan, resuelven, cuidan, organizan y ayudan. Pero por dentro están agotadas. Preguntan: ¿Y si pasa esto?, ¿Qué van a pensar?, ¿Habré hecho lo correcto?, ¿Y si se enoja?, ¿Y si me equivoco? Después aparece una de las palabras más pesadas: Debería.

Debería ayudar. Debería poder con esto. Debería estar agradecida. Debería saber qué quiero… ¿Según quién?

Muchos de nuestros debería no son nuestros. Los aprendimos de nuestros padres, maestros, parejas, cultura o sociedad. Después instalamos esas voces dentro de nuestra cabeza y hacemos el trabajo nosotros mismos: Nos juzgamos, culpamos, cuestionamos y prohibimos.

 

No todo lo que piensas es verdad

 

Tener un pensamiento no significa que sea cierto. Sentir miedo no significa necesariamente que exista peligro. Sentir culpa no significa necesariamente que hiciste algo malo. Pensar que alguien se va a molestar no significa que tengas que cambiar tu decisión.

Para mí, ahí empieza la inteligencia emocional: No en controlar lo que sentimos, sino en darnos cuenta de qué está tomando el volante. Puedo sentir una emoción sin entregarle automáticamente todas mis decisiones.

 

Permitirse empieza por observar

 

No se trata de cambiar todo de un día para otro. Se trata primero de observar lo que pienso, lo que hago automáticamente, las veces que digo sí queriendo decir no y las responsabilidades que cargo sin preguntarme si realmente me corresponden. Es difícil elegir diferente si ni siquiera somos conscientes de lo que estamos haciendo.

Tal vez hoy no necesitas resolver toda tu vida. Tal vez alcanza con detenerte un momento y preguntarte: ¿Qué no me estoy permitiendo? Porque quizá muchas de las cosas que hoy pensás que sos, son simplemente maneras que aprendiste para sobrevivir o encajar.

Por ahora, observa: ¿Quién está manejando a quién?

 

UNO ES LO QUE SE PERMITE SER

Para profundizar en este recorrido y desarrollar herramientas de liderazgo emocional para vivir con mayor calma, mira el Programa Permitirse aquí.