Tu expertise no vive solo en tus títulos: también está en lo que atravesaste y aprendiste. Reconocer tus fortalezas puede ser el comienzo de un liderazgo emocional más consciente y genuino.
 
 Artículo de la serie Permitirse, inspirada en los procesos del Programa “Permitirse”.

 

 

 

Cuando pensamos en expertise, normalmente pensamos en títulos, en lo que estudiamos, en nuestra profesión, en los cursos que hemos llevado o en los años que llevamos haciendo algo.

Yo estudié Ciencias del Comportamiento y he pasado gran parte de mi vida tratando de entender por qué las personas hacemos lo que hacemos. Pero si hoy me preguntaran dónde aprendí más, probablemente contestaría: en la universidad de la vida. Y ahí no me gradué nunca; sigo matriculada.

 

Cuando ser la problemática también me entrenó

 

Desde chiquita hacía preguntas. Quería entender: ¿Por qué?, ¿Según quién?, ¿Y por qué tiene que ser así? Pero hacer preguntas no siempre era bien recibido. Cuestionar podía interpretarse como discutir y, poco a poco, fui ocupando un lugar que durante muchos años me acompañó: la problemática.

Hoy, mirando hacia atrás, puedo ver algo que entonces no podía ver. Cuando una niña siente que puede ser cuestionada, culpada o que su presencia puede incomodar, aprende a observar. Yo aprendí a leer entre líneas, a percibir un gesto, un cambio de tono, las palabras y también lo que no se estaba diciendo.

En aquel momento no sabía que estaba desarrollando habilidades. Estaba tratando de entender mi mundo y de protegerme. Con los años, aquello se convirtió en una manera de comprender: observar patrones, hacer preguntas y simplificar lo complejo.

 

La universidad de la vida

 

Después vinieron los estudios, las empresas, el matrimonio, la maternidad, las relaciones, los éxitos, los errores, las pérdidas y unas cuantas reinvenciones. Vendí, negocié, importé, administré, contraté personas, resolví problemas y lideré equipos y proyectos. La vida siguió poniéndome materias: algunas las escogí y otras jamás recuerdo haber matriculado.

Todo eso me ayudó a reconocer que el expertise no está solamente en aquello por lo que nos pagan. También está en lo que hemos vivido, en lo que hemos tenido que aprender y en lo que hacemos naturalmente.

Hay personas que saben escuchar. Otras organizan el caos. Algunas entran en una situación complicada y ven rápidamente lo esencial. Otras conectan personas, crean, negocian, contienen, enseñan, simplifican o encuentran soluciones donde nadie más las ve.

Muchas veces lo hacemos con tanta naturalidad que ni siquiera lo consideramos un don. Decimos: eso es fácil, siempre lo he hecho, cualquiera puede hacerlo. ¿Y si no? ¿Y si precisamente porque te resulta tan natural no has reconocido todavía su valor?

Reconocer tus fortalezas no es vanidad. Es dejar de minimizar recursos que forman parte de tu historia. Desarrollar tu potencial comienza cuando podés mirar esas pistas con respeto, incluso si antes fueron características que alguien quiso corregir

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Mi liderazgo más difícil

 

He liderado personas, equipos, negocios y proyectos. Pero con los años descubrí que existe otro liderazgo mucho más importante: liderarme a mí. ¿Qué hago con mi miedo? ¿Qué hago cuando las cosas no salen como esperaba? ¿Quién toma mis decisiones cuando estoy cansada, preocupada o asustada?

Para mí, ahí comienza el liderazgo emocional. No en controlar lo que siento, sino en no entregar automáticamente el volante cada vez que aparece una emoción. Puedo sentir miedo sin dejar que el miedo decida; puedo sentir incertidumbre sin imaginar de inmediato el peor final; puedo equivocarme sin convertirme en mi enemiga.

Ese liderazgo personal se apoya en la inteligencia emocional: la capacidad de observar lo que me pasa, comprenderlo y elegir una respuesta más consciente. No necesito tener todas las respuestas para reconocer que tengo algo valioso que ofrecer.

 

Así fue naciendo Permitirse

 

Permitirse no nació un día frente a una computadora porque decidí inventar un programa. Fue apareciendo de mis estudios, de aquella niña que hacía demasiadas preguntas, de mis empresas, relaciones, aciertos, errores, pérdidas y reinvenciones. Con el tiempo empecé a ver un hilo que conecta todo: conocerme, aceptarme, valorarme, reconocer lo que había aprendido y darme permiso.

Tu expertise no está solamente en tu currículum. También está en lo que viviste, lo que atravesaste y aquello que aprendiste a hacer extraordinariamente bien. Tal vez haya mucho más en tu historia de lo que hasta ahora has reconocido.

 

 

 

 

UNO ES LO QUE SE PERMITE SER

 

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